Capítulo1: La Revolución Permanente

Posted by Socialismo Revolucionario On domingo, 21 de junio de 2009 0 comentarios

Como explicaron Trotsky y Lenin, en la época moderna el problema es que estos asuntos no pueden ser resueltos por las clases capitalistas nacionales en los países coloniales porque son muy débiles. Ligadas al latifundio y en último análisis a los pelos de la cola de las potencias imperialistas más poderosas. Las economías de los países coloniales están dominadas por las multinacionales que las han usado como fuente de trabajo barato y para asegurarse materias primas y minerales.

Entonces, ¿Cuál clase es capaza de resolver estos problemas fundamentales, críticos para el desarrollo ulterior de la sociedad? Como demostró brillantemente la experiencia de la revolución rusa, es solamente la clase obrera industrial, con el apoyo de los campesinos pobres y las capas explotadas de la sociedad, quien puede llevar adelante esta tarea. Porque incluso en los países coloniales atrasados, con las inversiones de las potencias imperialistas y, hasta cierto punto con el débil desarrollo de la clase capitalista nacional, ha sido creada una clase obrera industrial.

Sin embargo, después de la toma del poder esa clase no podría limitarse meramente a la cuestión de la revolución burguesa sino que, por pura necesidad, traspasaría tales límites y asumiría las tareas de la revolución socialista, con la nacionalización de la economía y un plan centralizado de producción basado sobre un sistema de democracia de trabajadores. Para sentar las bases para la construcción de una sociedad socialista la revolución debe desarrollarse más allá de los estrechos límites de las naciones atrasadas y subdesarrolladas a los países capitalistas avanzados. Así, aunque la revolución puede empezar en un país colonial, para resultar en la construcción de una sociedad socialista debe desarrollarse a una escala internacional. Esas eran las ideas de los Bolcheviques durante la revolución rusa bajo la dirección de Lenin y Trotsky. El fracaso de la revolución internacional dejó a la URSS aislada, con una economía atrasada y escasez horrorosa lo que, junto con los intentos del imperialismo por aplastar la revolución, abrió el camino a la contra-revolución política en los años 1920. Aunque dejó intacta la base económica de la revolución de 1917 (la economía nacionalizada planificada), la contra-revolución destruyó la democracia obrera y la reemplazó con una casta burocrática – una clica que ahora ha abandonado cualquier idea de revolución mundial y en lugar de ello actúa como un freno contra-revolucionario de esos desarrollos con objeto de proteger su propia posición. Porque el desarrollo de la revolución en una nivel internacional provocaría una revolución política que restauraría la democracia obrera.

En una época reciente, en el curso del desarrollo de la Revolución Colonial, se ha abierto un nuevo giro. En algunos países se ha llevado a cabo la revolución, pero de manera distorsionada. El impasse de la sociedad ha sido tal que, a pesar de la ausencia de una fuerza marxista genuina, el capitalismo y el latifundio han sido derrocados. Sin embargo, no han sido remplazados por una democracia obrera sino con un aparato de estado a imagen del de Moscú hoy día en lugar del de 1917. En la cúspide de esos regimenes han sido puestos grupos guerrilleros, estudiantes e intelectuales o incluso sectores radicales de la casta de oficiales del ejército. Cuando asumieron el poder, estos líderes nunca lo hicieron con la perspectiva de completar la revolución. Fueron impulsados a hacerlo en parte por la presión de masas y, por ejemplo en el caso de Cuba, debido a la reacción del imperialismo en la forma de un boicot económico. Esos regimenes, como en Cuba, China, Siria etc., han sido muy populares y disfrutado de un tremendo apoyo al sentirse los beneficios de una economía nacionalizada planificada. Aunque la ruptura con el latifundio y el capitalismo ha representado un tremendo paso adelante, estos desarrollos – no obstante – no han significado la revolución socialista y regimenes de democracia obrera.

La ausencia de un régimen de democracia obrera se ha enraizado en la naturaleza de esas revoluciones, y en particular por la ausencia de un papel dirigente jugado por el proletariado, que encuentra su máxima expresión en un partido marxista de masas. Porque solamente la clase trabajadora puede consumir la transformación socialista de la sociedad. Cuando otros grupos intentan hacerlo lo mejor que pueden lograr es la revolución social en una forma distorsionada y el establecimiento de un régimen burocrático totalitario de partido único.

Son estos aspectos cruciales de la revolución Colonial y Permanente los que ahora son de importancia crítica para encontrar un camino que lleve al desarrollo exitoso de la revolución socialista en Nicaragua, y permita derrotar la amenaza de contra-revolución, por el imperialismo de EEUU y los Contras.

Para hacerlo es necesario mirar el desarrollo histórico del desarrollo de Nicaragua, tomando especialmente en consideración el papel jugado por la burguesía nacional, la clase trabajadora y el campesinado.

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