Capítulo 3: El poder en ascenso del imperialismo norteamericano

Posted by Socialismo Revolucionario On domingo, 21 de junio de 2009 0 comentarios

Walker tomó el poder e instaló a su títere Rivas como presidente cuando él, en realidad, gobernaba desde atrás. Tan reaccionarios y brutales fueron sus métodos que incluso Rivas sintió repugnancia. Aunando a toda América Central en su apoyo, Rivas se rebeló en 1856, comenzando la llamada ‘Guerra nacional’. En respuesta, Walker se nombró a si mismo presidente de Nicaragua y El Salvador. La pretensión de Walker de conquistar toda América Central le hizo entrar en conflicto con el imperialismo británico porque trató de extender su influencia en las áreas costeras de los indios Miskitos - entonces una colonia inglesa que más tarde fue incorporada a Nicaragua. Walker fue derrotado en 1857, con lo cual retornó a Norteamérica para lanzar un ataque adicional en 1860.

En esa etapa, los Estados del norte de Estados Unidos claramente no querían una victoria para Walker que hubiera fortificado la posición de los estados sureños. También estaban comenzando a ver hacia América Central como un área potencial de desarrollo de ellos mismos. Walker fue capturado por una lancha cañonera británica, y entregado al gobierno de Honduras donde fue puesto contra un muro y fusilado. Todo el incidente demostró claramente el papel del ala ‘liberal’ de la clase dominante nicaragüense. El camino se abrió formalmente para la penetración norteamericana con la firma del tratado de Cassirisarra en 1859.

Eventualmente los ‘Liberales’ tomaron Managua en 1893, después de una serie de levantamientos. En 1894 anexaron la costa Mismito, pagando al imperialismo británico $15 millones de dólares norteamericanos por ella en ‘compensación’.

Este era el periodo de la potencia en alza del imperialismo norteamericano, que estaba sacando para afuera a las principales potencias capitalistas europeas. Fue adoptada la política llamada ‘diplomacia del dólar’. A ciertos países a través de la región les fueron otorgados préstamos. A cambio EEUU recibió garantías de derechos exclusivos de comercio y de explotación de minerales y de otras materias primas. En realidad esto significaba que los territorios concernidos eran cedidos al imperialismo de EEUU para que hiciera lo que quisiera. Fueron impuestas condiciones para proteger las inversiones, los bancos y los ferrocarriles, los cuales, en caso de no cumplimiento, implicaba el derecho automático a la intervención militar

En 1893 el Partido Nacionalista Liberal llegó al poder. Recibió la oferta de armas para ‘unificar América Central’ a cambio de que los EEUU recibieran derechos exclusivos para construir y operar un canal que conectara de costa a costa. El presidente Zelaya se negó. Así que los EEUU prepararon su caída y las tropas norteamericanas invadieron Nicaragua por primera vez en 1909. Díaz, una marioneta presidencial fue puesta en el poder. Él inmediatamente accedió a las siguientes ‘propuestas’: la abolición de todos los monopolios estatales; un acuerdo para pagar la deuda externa; la garantía de los intereses de todos los extranjeros; la puesta bajo control de los bancos acreedores norteamericanos de todas las aduanas de Nicaragua, los bancos nacionales, ferrocarriles y puertos. Las condiciones eran tan duras que una vez más los ‘Liberales’ se rebelaron en 1912. 2.700 marines desembarcaron para aplastar la revuelta. Díaz fue ‘electo’ presidente nuevamente, recibiendo 4.000 votos de una población de 800.000.

El imperialismo norteamericano estaba decidido a mantener el control total de Nicaragua, principalmente por sus propios intereses en la construcción del canal. Los marines de EEUU fueron estacionados permanentemente en Nicaragua hasta 1925. Dos meses después de su retirada tuvieron lugar elecciones, solo para ser seguidas por otro golpe de estado de los Conservadores bajo la conducción de Chamorro. Una vez más estalló la guerra civil con extendidos ataques contra los intereses norteamericanos. La rebelión fue dirigida por el Vicepresidente Moncada. Nuevamente fueron enviadas las tropas norteamericanas. Se ofrecieron condiciones de paz que fueron aceptadas por Moncada en nombre de los oficiales ‘liberales’. Sin embargo, hubo una excepción: Sandino, o como pasó a ser conocido, ‘el general de los hombres libres’. Él se negó a aceptar la paz ofertada y comenzó una guerra de guerrillas que duró hasta 1932.

La postura del general de hombres libres Sandino ganó la simpatía de miles de campesinos y las masas urbanas. Habiendo sido traicionado por los ‘Liberales’ y lleno de odio al imperialismo norteamericano, su lucha capturó la imaginación a través de Nicaragua y Centroamérica. Más aún, atrajo la simpatía internacional a partir de la memoria de la revolución rusa, la revolución china de 1927 y la huelga general británica de 1926, y fue vista por los activistas emocionados por ella como otra lucha contra el imperialismo. Incluso se informó de banderolas de apoyo a Sandino en Pekín en 1927.

El ejercito guerrillero que comenzó con sólo 27 reclutas creció rápidamente y en su punto más alto llegó a cerca de 3.000. Su apoyo provino básicamente de los campesinos y de los pobres urbanos, no solamente de Nicaragua sino de toda América Central y Sudamérica. En sus filas se encontraban jóvenes de Sudamérica, Centroamérica e incluso algunos europeos y unos pocos de Asia. Este movimiento, incluso limitado, aterrorizó al capitalismo y al imperialismo norteamericano. Como resultado 800 marines de EEUU, bien armados, fueron enviados para aplastar a las guerrillas cuando estas contaban entre 50 y 100 hombres. Sandino y su ejército condujeron lo que sólo puede ser descrito como una lucha extremadamente heroica, que ha dejado una poderosa tradición en Centroamérica y hasta cierto punto en Sudamérica. Al principio ellos sufrieron algunas derrotas, pero más tarde ganaron victorias muy contundentes contra los EEUU y las fuerzas nicaragüenses.

El régimen se indignó cuando fracaso al principio en aplastar este movimiento, desatando un reino de terror contra las masas campesinas. Ejecuciones en masa, torturas y golpizas tuvieron lugar de manera completamente indiscriminada. No obstante, esto sirvió solamente para aumentar las simpatías por el ejercito de Sandino. La Guardia Nacional asumió mucho de la represión. Había sido establecida a instancias del imperialismo de EEUU y luego dirigida por este. Un ejemplo de la brutalidad desplegada fue Ocotal, un pequeño pueblo saqueado por un grupo de campesinos que no eran de las fuerzas de Sandino El resultado fue una masiva incursión de bombardeo, resultando muertos más de 300 en un ataque. 70 bombarderos fueron llevados a Managua de EEUU y utilizados en el campo y a través del país. Después de un breve interludio de negociaciones las tropas de EEUU pasaron a la ofensiva. Todos aquellos que eran tomados prisioneros eran fusilados inmediatamente. Se estableció la infame tortura del ‘chaleco’ en la que los dos brazos de la víctima eran cortados.
Contra probabilidades aparentemente increíbles y con pocas armas, la lucha continúo durante algunos años. En 1932, después de haber recibido la seguridad que las tropas norteamericanas serían retiradas y prometida la seguridad de sus combatientes, Sandino aceptó rendirse. Fue un error desastroso del cual se pueden aprender muchas lecciones, especialmente en la situación que se ha desarrollado en el periodo reciente. Cuando los guerrilleros entraron en las ciudades las promesas de ‘seguridad’ a sus hombres se probaron inexistentes. Fueron detenidos por la Guardia nacional y ejecutados, bajo las ordenes de Somoza.

Más tarde Sandino, después de cenar con funcionarios del gobierno, fue asesinado. Incluso en su muerte la dominación del imperialismo norteamericano y la colaboración que disfrutaba con la burguesía nacional quedo expuesta claramente. Somoza le dijo al presidente, "Vengo de la Embajada de EEUU donde tuve una conferencia con el Embajador Arturo Bliss, quien me aseguró que en gobierno en Washington recomienda la eliminación de Augusto Sandino por considerarlo un perturbador para la paz en el país."

Sandino dirigió una lucha heroica. Sin embargo el heroísmo no es suficiente para una lucha exitosa. En su análisis y método había una debilidad fundamental que le impediría la victoria – una debilidad que desafortunadamente existe entre la dirección del FSLN hoy. Para Sandino la lucha era puramente militar, el objetivo era expulsar a las tropas norteamericanas del suelo de Nicaragua. Incluso si esta meta se hubiera conseguido el fallaba al no mirar que sin una revolución social el imperialismo seguiría dominando económicamente. Más aún, lo haría con sus manos con guantes con la burguesía nacional.

Como resultado, se negó a dejar que la lucha se desarrollara hacia las cuestiones sociales y no reconoció la existencia de lucha entre las clases sociales dentro de Nicaragua. El movimiento era puramente nacional, sin orientación de ganar y movilizar el apoyo de las masas explotadas en toda América Central, lo que claramente se podía haber logrado. Después de todo, ¿Cómo una pequeña nación como Nicaragua podría derrotar al poderoso poder imperial sola, sin dar un contenido de clase al movimiento?

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